La vela ha tenido, y tiene, un importante protagonismo en la magia. Desde la antigüedad no solo ha sido un elemento de iluminación sino también una parte activa de la magia. El pueblo judío utilizaba velas los días anteriores a la festividad del Yon Kippur para predecir el futuro. El judío creyente en la magia de las velas encendía una de ellas y la depositaba en un lugar de la casa, si la vela no se apagaba y se agotaba, significaba que el que la había encendido tendría un año entero de vida, si por el contrario se apagaba, significaba que la muerte visitaría al protagonista.
La adivinación a través de las velas es un arte tan antiguo como la aparición de la primera vela, y era conocido en la antigüedad con el nombre de licnomancia, arte que consistía en la observación del modo en que ardía la llama de la vela. Una llama oscilante era un cambio de circunstancias; una llama que caía o se elevaba anunciaba un peligro; una llama con un punto brillante auguraba un éxito; una llama chisporroteante era aviso de un peligro que se avecinaba, y si la llama se apagaba significaba la visita de la muerte.
También tenía especial importancia el color de la llama, si ésta era azul o sombría significaba que había un fantasma cercano. Si la llama se dividía predecía una muerte; si soltaba una chispa era anuncio de llegada de noticias.
Pero la vela en la magia no ha tenido solamente la aplicación de la adivinación. En Lancashire, se encendían velas para alejar a las brujas del bosque, que curiosamente utilizaban en sus viejas cabañas velas para iluminar sus hechizos. Esta costumbre de encender velas para alejar a las brujas ha perdurado en la actualidad y es algo que se sigue celebrando en la víspera del All Hallow’s Eve.
Las velas se encienden en nacimientos, y esta costumbre se basa en que la vela encendida en el momento del parto aleja a los malos espíritus del nuevo ser que llega al mundo. Encender velas en el matrimonio tenía como objetivo evitar que alguna persona pudiese echar mal de ojo a los novios. Y las velas que se encendían en los fallecimientos, tenían como finalidad impedir que algún diablo robase el alma del difunto.
Incluso las velas han servido para buscar tesoros ocultos, tal es el caso de la denominada “Vela maravillosa”, mencionada en “El pequeño Alberto”. Su origen tendríamos que buscarlo en las velas negras que las brujas llevaban al aquelarre y que, se decía, resultaban infalibles en la búsqueda de tesoros. En estos supuestos se les llamaba “manos de gloria”.
La vela ha tenido un componente mágico tanto en la magia negra como en la magia de invocación. En la magia negra se ha utilizado en hechizos corrientes. El más popular consistía en comprar a un sepulturero clavos sacados de ataúdes que, posteriormente, se utilizaban para atravesar una vela que significaba la llama de la vida de una persona.
En la magia con espejos, muy utilizada por Cornelio Agrippa, la vela interviene activa y peligrosamente, ya que tras la invocación de un espíritu en el espejo, si se tiene la desgracia que una corriente de aire apague la vela, puede ocurrir que ese espíritu salga del espejo y sea imposible regresarlo; o puede ocurrir que nuestra alma pase al otro lado del espejo al perder la protección de la llama de la vela.
Hoy la vela sigue estando presente en numerosos ritos mágicos e invocaciones. La magia de la vela no ha perdido actualidad y más que nunca ha vuelto a encender su llama con fuerza y nuevas posibilidades.





































